SUMAMENTE EMOTIVO FUE EL HOMENAJE AL PROFESOR

PABLO JASSO GONZALEZ A UN AÑO DE SU FALLECIMIENTO

Por Víctor M. Rodríguez Ocádiz

Resultó muy emotivo el homenaje al profesor Pablo Jasso González con motivo del primer aniversario luctuoso, efectuado al pie del monumento a su memoria dentro de las instalaciones de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros.

Correspondió al profesor Roberto Renato Jiménez Cabrera, director de la mencionada institución educativa, encabezar dicho recordatorio junto a los familiares, compañeros. alumnos y amigos del desaparecido profesor.

Jiménez enfatizó la labor de Pablo en la enorme importancia de impartir sus conocimientos a los futuros maestros a lo largo de 56 años de servicio. Muchos profesores recuerdan con cariño a quien les ayudó a cumplir sus sueños de educar a la niñez y juventud mexicana.

Después de comparar las instalaciones de la Facultad de derecho con las que ostenta la Normal, sentenció que en la institución a su cargo, cuenta con los espacios idóneos para la preparación de sus alumnos y agregó que nadie debe olvidar que lo más importante son los hombres que aquí de forjan.

Mencionó que Jasso se convirtió en un hito entre los docentes, su presencia, temple y el desarrollo integral principalmente en lo referente a la psicomotricidad, se convirtieron en factores decisivos para la superación académica. Pablo siempre tuvo presente la misión en la vida, misma que heredó a sus estudiantes.

Recordó las palabras de respeto y apoyo vertidas por el excelente mentor cuando se hizo cargo de Benemérita Escuela. Habrá que mencionar que Pablo también se desempeñó como director de la Escuela Superior de Educación Física, y se sorprendió que pronto haya trascurrido un año de su desaparición.



Por su parte su hija Erika, después de agradecer la presencia de casi medio centenar de mentores de varias escuelas, lo calificó como el padre más malo en su infancia y juventud, nunca los consintió en demasía y mientras sus vecinos jugaban, ellos leían, tomaban dictado y estudiaban matemáticas.

Rememoró que antes de dedicarse a la docencia, su papá se formó como actuario. Como anécdota relató que le permitió estudiar la carrera de ingeniería en contra de lo que deseaba su mamá Graciela, maestra normalista. Ella debería ser docente, se opuso y aunque no entendía  geometría analítica, logro que su padre le explicara de que trataba y culminó su etapa profesional.

Se mostró segura que su segundo hogar fue la Normal de Maestros, era un personaje que nunca imponía condiciones, siempre aconsejaba a todo mundo, se tardaba en salir del plantel donde trabajaba por escuchar y aconsejar a sus alumnos, mismos que al igual que sus descendientes lo llevan en el corazón.

En su intervención su hijo Pablo, primeramente hizo mención de un suceso chusco, debido a su enrome parecido con su papá un día en la cafetería, lo confundieron y mencionaron, que a pesar de su edad (80 años) aún se conservaba muy joven. Citó que cerca de la medianoche se dedicaba a a resolver cálculos mentales y preparar sus cátedras del día siguiente. Evocó también la etapa sindicalista de su padre a la que llamó incursión en una etapa charra.

Sentenció que dedicó gran parte de su vida a enseñar psicomotricidad porque resulta muy importante para el ser humano utilizar las dos parte del cerebro, aunado a lo anterior, también se involucró en la especialidad deportiva del atletismo, fue entrenador del equipo atlético "Castoras" de la Escuela Nacional de Educación Física (ENEF), y participó como juez en los Juegos Olímpicos celebrado en México en 1968.



Finalmente la maestra Graciela con su inconfundible voz que se escucha a varios metros de distancia, dijo que para Pablo era un gusto enorme impartir clase y sentir que el aprendizaje adquirido por sus educandos servirían para atender y educar a sus alumnos.

Es más, por asistir a su labor educativa en muchas oportunidades dejaba a su familia y se mostraba satisfecho por estar en las instituciones en donde seguramente trascendió. Agradeció que la comunidad normalista que aún lo recuerda con cariño porque fue un pilar de la institución.

A los asistentes les solicitó lanzar el famoso grito de "Lux Pax Vis" que retumbó en las instalaciones plagadas de centenares de futuros maestros que con togas y birretes se dieron cita. Para concluir pidió a los acompañantes recordar la inolvidable frase del profesor Jasso González:  " Sean Felices, Seamos Todos Felices".

Al terminar el homenaje, nos cruzamos la Calzada México-Tacuba y asistimos a la misa conmemorativa en la Parroquia de San Antonio de las Huertas.

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